The Luminous Jerks

Publicado el 04/04/2014 - Categorías: Textos

Puestos a considerar cuál es la banda que hoy más nos intriga, el nombre de The Luminous Jerks es el primero que viene a la mente. Hay tanto por descubrir acerca de este grupo, son tantos los vericuetos que rodean su particular historia, que es imposible reaccionar de otra manera. Desentrañar este misterio es el desafío que hoy nos toca enfrentar.

La música de The Luminous Jerks es, a todas luces, inclasificable. Es tan probable que contenga elementos de salsa y polka como visos de canto gregoriano, minué o metal gótico. Resulta difícil categorizarla porque ninguna de sus canciones se ha registrado en formato perdurable; no existe vinilo, cinta o disco rígido que albergue siquiera un segundo de estas piezas esquivas. Nunca se han presentado en vivo y, notablemente, tampoco se conoce el lugar en donde ensayan (si es que acaso lo hacen). A nadie le consta que sus miembros hayan estado físicamente en el mismo lugar en forma simultánea, y menos que menos con instrumentos en sus manos.

Es tan poco lo que se sabe acerca de los integrantes de The Luminous Jerks que escribir sobre ellos es una tarea plena de frustración. Podrían ser 4, 10 o 20 músicos, quizás siempre los mismos o quizás un elenco en constante rotación. Del mismo modo podría tratarse de un proyecto solista disfrazado y nada quita que todo sea fruto de un algoritmo pergeñado por un programador anónimo con dudosas inclinaciones musicales.

Sumado a esto, el afán vanguardista de The Luminous Jerks hace que el grupo cambie constantemente de nombre: en medio de esta oración pasan a llamarse A Boatload of Infected Lollipops y antes del punto final optaron por rebautizarse como Duran Duran Duran.

Acaso en una muestra cabal de la dificultad de ahondar en este verdadero fenómeno musical, no llegamos a concluir esta reseña sin antes enterarnos de la triste noticia de que el grupo se separó, que ya no existe, que de hecho nunca existió fuera de nuestra torpe pluma y de tu retorcida mente, eventual lector.


Tres semiespinelas

Publicado el 19/02/2014 - Categorías: Rimas

 

Pensó: “Esta lluvia tenaz,
que no es más que hache dos o,
riega mi yo, que a su vez
es vejez y agua cansada,
lluvia de nada con pies”.

Vuelta de espaldas, la tarde
parte cobarde y no salda
deuda de falda y corsé:
sostiene, pues, que ya es noche.
¿Reproches? Desde las 3.

Soy un farsante sin gloria,
triste historia, falso Dante
que irritante va al averno
olvidando cuerno y cola
pero en bolas: posmoderno.

 

La semiespinela, como explica acá Pedro Poitevin mucho mejor de lo que yo podría hacerlo, es un invento del uruguayo Jorge Drexler que busca condensar el espíritu de una décima espinela en una longitud propicia para un tuit (ciento cuarenta caracteres): se trata de cinco versos de ocho sílabas que mantienen la estructura abbaaccddc pero usando rimas internas.

Para mí, que disto mucho de ser poeta, chapurrear semiespinelas es más que nada un simpático ejercicio literario para matar el tiempo en Twitter (como las tres de allá arriba, versiones corregidas en ritmo y métrica de las tuiteadas originalmente acá, acá y acá). Sin embargo, en manos realmente capaces (como las del maestro Nicolás Poulsen, mi amigo El Topo Erudito, el antedicho Poitevin o el mismo Drexler) los resultados pueden ser brillantes. Para muestra, el hashtag #semiespinela en Twitter es buen lugar para empezar a pispear.


La esquina

Publicado el 10/02/2014 - Categorías: Textos

La escena se repite cientos de veces al día, casi sin variantes: el semáforo cambia a rojo y empieza a amontonarse sobre la calle una mezcla variopinta de payasos malabaristas, chicas cargando ramitos de flores y todo tipo de vendedores de plumeros, juguetes, guías de tránsito y cargadores para teléfonos celulares. Soportando con impaciencia la forzada detención, pocos se dignan a prestarle atención al autito desvencijado que, cruzado en la esquina, maniobra de acá para allá con las balizas prendidas. Muy de vez en cuando alguno de se acerca y tira por la ventanilla semiabierta una moneda, recibiendo a cambio un bocinazo agradecido. Eventualmente la luz verde hace que todos vuelvan a ponerse en movimiento y sigan su camino calle abajo; todos excepto el autito, que se refugia junto al cordón y espera, con el motor traqueteando de esperanza, que el semáforo vuelva a congelar por un par de minutos ese chorro interminable de gente.


Mi perrito nuevo

Publicado el 09/05/2013 - Categorías: Textos

Che, José, mirá mi perrito nuevo. Bah, mirá la foto de mi perrito nuevo. Bah, mirá la digitalización de la foto de mi perrito nuevo. Bah, mirá la pantalla de mi celular que muestra la digitalización de la foto de mi perrito nuevo. Bah, mirá lo que tus ojos y tu cerebro interpretan como la imagen de la pantalla de mi celular que muestra la digitalización de la foto de mi perrito nuevo. Bah, mirá lo que el circunstancial lector de estas líneas, según sus experiencias y prejuicios y neurosis y humores, imagina como lo que tus ojos y cerebro interpretan como la imagen de la pantalla de mi celular que muestra la digitalización de la foto de mi perrito nuevo. ¿No es precioso?


Postales de verano

Publicado el 19/02/2013 - Categorías: Fotos, Personal

No se me ocurre señal más placentera y brutal del avance irremediable del tiempo que ver crecer a los propios hijos.

Gonzalo, por ejemplo, luce ya tatuajes dignos del más tumbero de los alumnos de preescolar y sueña con ser el número cuatro titular de Club Atlético Fénix.

Gonzalo y sus tatuajes playeros

Y se comenta que Mateo está agenciándose un abogado para emanciparse de sus padres y salir a recorrer el mundo dedicándose únicamente al surf y la parranda, auspiciado por una bebida energizante.

Mateo hace surf

Mateo sigue haciendo surf

(La foto de Gonzalo es una captura original de La Entintada, pero las de Mateo -junto con el resto de este photoset de Flickr- son obra del talentoso fotógrafo y surfer Rafa Martino)